En el imaginario de las letras mexicanas encontramos una gran constelación de autores y autoras notables que dejaron una profunda huella en la poesía universal. Uno de esos nombres le pertenece a una mujer que alguna vez caminó desnuda por Paseo De La Reforma. Ella era Guadalupe Amor. Pita Amor para la historia.

Yo soy mi casa: El genio y gloria de Pita Amor

Nacida en una familia de alcurnia, Pita Amor conoció la poesía desde temprana edad. Llegó a contar que después de cada cena, su familia recitaba poemas de Sor Juana Inés De La Cruz, Luis Gongóra, y Francisco de Quevedo.

Tía de la gran Elena Poniatowska, siendo esta última quien en algún momento llegó a platicar que Pita escribía poemas con el mismo lápiz con que se delineaba los párpados.

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Inspiración de Diego Rivera para un retrato en el que posó desnuda – para escándalo de la época – y cuyo talento para las letras le valió el reconocimiento de Salvador Novo como “la onceava musa”. Su primer poemario “Yo soy mi casa” la catapultó a lo más alto como poetisa y de entre estos poemas quiero destacar aquel que lleva el mismo titulo y solo incluiré la primera parte

I

Casa redonda tenía

de redonda soledad:

el aire que la invadía

era redonda armonía

de irrespirable ansiedad.

Las mañanas eran noches,

las noches desvanecidas,

las penas muy bien logradas,

las dichas muy mal vividas.

Y de ese ambiente redondo,

redondo por negativo,

mi corazón salió herido

y mi conciencia turbada.

Un recuerdo mantenido:

redonda, redonda nada.

Pita Amor vio su fin en este plano a la edad de 82 años. En sus últimos tiempos era una mujer arrebatada que golpeaba a la gente de la calle con su bastón pero su legado a la literatura universal permanece justo donde uno pueda encontrarle. Sea en la banca del parque o junto a un vaso de Whisky en el bar más elegante.

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