El título de este artículo no es para menos. Desde que los sistemas de inteligencia artificial han entrado en la opinión pública, una tema que ha estado en el ojo de la tormenta es ¿Dónde queda el quehacer artístico cuando cualquiera podría hacer uso de Chat GPT (Open AI) o Gemini (Google) para crear una ilustración que a simple vista podría llamársele “creativa”?.

Dentro del debate sobre el uso de la inteligencia artificial en el desarrollo del arte se encuentra la base de qué consideramos arte. En el siglo 20, Marcel Duchamp sorprendió al mundo artístico cuando presentó en Nueva York su emblemático urinal de porcelana al que firmó con su nombre y lo declaró su obra de arte. Desde ese momento, el arte moderno se dirigió por esa cumbre. Si el artista genera una intención, y esa intención la plasma en una pieza por aleatoria que pudiera ser, automaticamente es arte.
Tengamos en cuenta la obra “Comedian” del artista Maurizio Cattelan que no era más que una banana pegada en la pared con cinta adhesiva. Si eso es arte, ¿Por qué algo generado por inteligencia artificial con el comando y supervisión de un humano no podría ser considerado arte?

Que esto no haga pensar en una devaluación de la creatividad humana. En la película “Everything is a remix” se remarca la realidad de que nada es 100% original. Un pintor crea una pieza en lienzo porque su preparación previa lo llevó a poder ejecutar la obra. Para ello tuvo que estudiar técnicas en trazo, manejo de pinceles y aprender distintas técnicas y corrientes artísticas para llegar al estilo que quiere plasmar.
En ese sentido, un sistema de algoritmos utiliza la información previamente publicada en internet para formular una respuesta solicitada por un usuario. No es tan distinto en el “cómo” si conlleva a un mismo resultado. De ninguna manera el artista podrá ser sustituido por una máquina, no solo porque esta no opera sin la participación humana (por ahora) sino porque esta no sería la primera vez en que el artista se ve retado por la nueva tecnología.
Cuando la fotografía estuvo al alcance de todos, se pensó que la pintura hiperrealista estaba por terminar. Con el tiempo, se descubrió que la fotografía podía ofrecer una nueva forma de arte y hoy la fotografía tiene una aplicación creativa inmensa. La inteligencia artificial no tiene porque ser la excepción. La mayor problemática en esto tiene que ver con su rápido desarrollo, pues no ha dado tiempo ni siquiera de procesar en qué maneras el artista puede hacer uso de esta nueva herramienta.
Unos puestos de trabajo desaparecerán, lamentablemente. La regulación debe implantarse en la medida que instituciones, industrias y artistas acuerden cómo funcionará la inteligencia artificial en su día a día, pero hoy el arte hecho por humanos tiene una nueva razón para reinventarse, y crecer con los nuevos tiempos.
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